En una anotación de su diario, escribe Pavese:
“Si hay algún símbolo en mis poesías, es el símbolo del que ha escapado de casa
y regresa con alegría al pueblecito, tras haberlas pasado de todos los colores
y siempre pintorescas, con poquísimas ganas de seguir laborando…”. Con la imagen de
quien atraviesa una calle (no siendo muchacho ni para huir de casa) construye
Pavese un poema titulado -como el libro- “Lavorare stanca”. Veamos este video:
“Seguirán otros días,/seguirán otras voces./ Sonreirán a solas./ Los gatos lo sabrán”. CESARE PAVESE (The cats will know)
Thursday, August 27, 2015
El vicio absurdo
Seis de la mañana. A Italo Calvino le acaban de
acercar un manuscrito. Después de vencer una reverente inhibición, abre el
portafolio y comienza su tarea. Einaudi le ha pedido que edite y prologue un
testimonio singular. Son anotaciones íntimas que revelan lo que su autor llamó
por esos días “el lado trágico de la vida humana”, un lado antiguo del cual
nadie suele escapar. Comienza a revisar las páginas y entre luminosas
reflexiones sobre poética, encuentra un desvelado sufrimiento. Calvino descubre
la procesión terrible del más lúcido y estoico de los escritores italianos del
siglo XX. Se sabe leyendo El oficio de vivir, de Cesare
Pavese, el admirado amigo que murió hace poco. No hallará allí la descripción
minuciosa de decepciones o de los fracasos amorosos de los que tanto se
murmuró. Tampoco se topará con anécdotas o episodios aflictivos, sino con sus
secuelas. Italo Calvino verá el terreno devastado, pero también, el secreto
esfuerzo por recuperarlo, día tras día y palmo a palmo. En la vigilia
escritural, un poeta silencioso y solitario, lucha. Con secreto heroísmo,
Pavese fue alojando en El oficio de vivir la historia de su
alma.
--
El 20 de abril de 1936 anotó que la lección era
“construir en arte y construir en la vida, proscribir lo voluptuoso tanto en el
arte como en la vida, ser trágicamente”.
Ser trágicamente -dijo Calvino- es “hacer del drama
individual una fuerza concentrada que impregne de uno mismo todo tipo de acción
(en lugar de gastarlo como moneda fraccionaria), de obra, de hacer humano, significa
transformar el fuego de una tensión existencial en un obrar histórico, hacer
del sufrimiento o de la felicidad privada, que son imágenes de nuestra muerte
(toda felicidad individual, desde el momento que implica su fin, tiene su
contrapartida de dolor), elementos de comunicación y de metamorfosis, es decir,
fuerzas vitales”.
--
Un día como hoy, hace 65 años, el “vizio
assurdo” vino y tuvo sus ojos. Yo leo Los mares del sur y le doy a Pavese
gracias infinitas.
--
Vísperas
Constance Dowling y Cesare Pavese
Miraban algo o alguien. ¿Estaría Doris por allí? De Doris –dirá él en su diario- recibió la última dulzura.
Pronto, todo habrá de derrumbarse.
Ahora está con Connie, tan cerca y tan lejana.
Thursday, August 14, 2014
Retrato
Natalia Ginzburg ha descubierto que la ciudad se
parece a su amigo perdido: es terca, laboriosa y ceñuda, pero a veces el ocio
la posee y se entrega al sueño. Él la amaba y por eso revive en cada esquina.
Justo, en una, cree estar viéndolo Natalia, “con el abrigo oscuro de trabilla,
el rostro oculto tras el cuello, el sombrero calado hasta los ojos”.
Seguramente va a entrar en un café lleno de humo, donde se quitará el abrigo y
el sombrero, y se dejará enrollada al cuello “la fea bufanda clara”. Es
probable que saque una hoja y escriba estos versos:
Este es el
día en que suben del río las nieblas
a la bella ciudad, por entre prados y colinas,
y la difuminan como un recuerdo…
Las calles de Buenos Aires, dice Borges, son un
mapa de su vida. Para Natalia Ginzburg, las de la suya, son la biografía del
amigo. Por instantes parece que están risueñas, pero es sólo una impresión.
Siguen en lo suyo: la "malinconia".
--
En algunas ocasiones el amigo los visitaba por
las noches. “Se sentaba, pálido, con su bufandita al cuello, y se retorcía los
cabellos o arrugaba una hoja de papel. En toda la velada no pronunciaba una
sola palabra… Al fin, de repente, cogía el sombrero y se marchaba”.
Pocas veces hablaba y se mostraba alegre, pero
cuando esto ocurría, todo a su alrededor se llenaba de dicha y sus amigos se
volvían “mucho más inteligentes”.
--
Antes de referir su muerte, Natalia Ginzburg lo
evoca con el rostro demacrado de una tarde, pero sin perder en su figura la
gracia eterna de un adolescente. Era un escritor célebre, que veía lo cotidiano,
fama incluida, “desde inconmensurables lejanías”.
“Murió en
verano. Nuestra ciudad en verano, está desierta y parece muy grande, clara y
sonora como una plaza. El cielo está limpio pero no luminoso, tiene una palidez
lechosa. El río fluye llano como un camino, sin emanar humedad ni frescura. De
las calles se levantan ráfagas de polvo (…). // No estaba ninguno de nosotros.
Para morir eligió un día cualquiera de aquel tórrido agosto, y la habitación de
un hotel cerca de la estación: en la ciudad que le pertenecía, quiso morir como
un forastero. Había imaginado su muerte en una poesía, de hacía muchos, muchos
años:
No será
necesario dejar la cama.
Sólo el alba entrará en el cuarto vacío"
--
Poco después de su muerte, Natalia, su marido y
unos amigos, fueron a la colina, y sintieron que él, “de alguna manera
misteriosa”, siempre los había ayudado y protegido.
--
No conozco una mejor estampa sobre él que este
retrato de Natalia Ginzburg. Lo leo y releo con enorme gusto. En sus páginas no
se dice su nombre, pero se le siente entero, profundo, vivo.
--
Ahora vuelvo al "Oficio..."
__
(El Retrato
de un amigo de Natalia Ginzburg está incluido en su formidable libro Las
pequeñas virtudes)
Friday, March 28, 2014
Siempre es Bona
Bona Tibertelli de Pisis. Foto de Man Ray
Esta foto de Man Ray acompañó un post del pasado
4 de noviembre que -casi veladamente- le dediqué a ella. Lo puse en mi facebook y lo titulé Siempre es
Bona. Dado que su famoso marido, André Pieyre de Mandiargues, es el autor de un
maravilloso libro que tiene al barrio chino de la Ciudad Condal como escenario,
jugué con la expresión “Tan si la bossa sona, com si no sona, Barcelona es
bona".
La novela es “Al margen”, y a ella me referí, por interés gastronómico, en una breve nota tanscrita en el mencionado post.
Todo ese rodeo fue para decir que no sólo
Barcelona es bona y que para Octavio Paz, París también lo era, porque en esa ciudad estaba Bona.
--
Bona Tibertelli
de Pisis, bella mujer que Octavio Paz amó con el amor loco que decía
Breton, ha vuelto hoy en la foto de Man Ray, para hacerle compañía a
estos célebres versos de su inmortal amante:
“He olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma"
(de PIEDRA DE SOL)
OCTAVIO PAZ
Sunday, August 18, 2013
Monday, June 10, 2013
OFICIO DE ANOTAR
Natalia Ginzburg y Cesare Pavese
Ya no sé cuántas páginas suma este diario ininterrumpido
desde hace 16 años, como Carmen. Lo cierto es que su escritura se me ha
convertido en una costumbre y en una especie de compañía. No anoto todo en él,
pero en él están los seres de mi afecto y algunas cosas que me pasan. De sus
páginas también forman parte mis silencios.
Los diarios son ejercicios de escritura y también
una ayuda invalorable para la memoria. Varias veces me he valido de ellos para
precisar una fecha, dar con un nombre o con algún dato que creía perdidos. Son
un ensayo de lo inmediato y un inventario incompleto de lo cotidiano.
Asimismo, los diarios son un desahogo que
celebra o recusa en la trastienda. Este mío se ocupa más de mis lecturas que de
otras cosas, aunque a ratos se entretenga en algunas minucias de la casa. Sé
que por más evasivo o discreto que
parezca en relación con ciertas intimidades, entre sus líneas siempre va
quedando algo de lo que me callo o creo callarme.
Me gustaría uno más explícito, pero no va
conmigo ese tipo de diario. Los diarios son como el diarista: tienen sus
defectos (muchos en mi caso), sus manías (otras tantas) y seguramente alguno de
esos hábitos “virtuosos” de los que Natalia Ginzburg habló con sabia ironía en
un libro admirable, el mismo que incluye las más bellas páginas sobre Cesare Pavese
que he leído: Las pequeñas virtudes.
Hasta aquí las autorreferencias de la anotación
y vuelvo a Pavese, diarista dolido y solitario, para releer su oficio de vivir, bajo la sombra de este
amoroso retrato de Natalia:
“Murió en verano. Nuestra ciudad en verano, está
desierta y parece muy grande, clara y sonora como una plaza. El cielo está
limpio pero no luminoso, tiene una palidez lechosa. El río fluye llano como un
camino, sin emanar humedad ni frescura. De las calles se levantan ráfagas de
polvo (…). // No estaba ninguno de nosotros. Para morir eligió un día
cualquiera de aquel tórrido agosto, y la habitación de un hotel cerca de la
estación: en la ciudad que le pertenecía, quiso morir como un forastero. Había
imaginado su muerte en una poesía, de hacía muchos, muchos años:
No será
necesario dejar la cama.
Sólo el
alba entrará en el cuarto vacío
(…)
Poco después de su muerte, fuimos a la colina”.
Ahora sale el gato de Pavese y abro El
Oficio…
Sunday, May 05, 2013
Menos llamarse Carlos (Pellicer)
Carlos Pellicer
Del diario del gato:
19-01-13: Dos
vueltas al parque y muchos loros reales. En la casa me esperó la voz de Gonzalo
Celorio hablando de Pellicer. Subo el volumen y transcribo, para que sople un
aire tabasqueño esta mañana:
“Ustedes
imagínense a Carlos Pellicer, un muchacho muy joven, estudiante de la Escuela
Nacional Preparatoria. Me lo imagino desde el segundo piso del antiguo Colegio de San Ildefonso, todavía desprovisto
de los murales de Orozco, con sus calcetines anaranjados, como son famosos,
diciendo el primer poema:
´En medio de la dicha de mi
vida,
deténgome a decir que el
mundo es bueno
por la divina sangre de la
herida´”.
Voy
ahora por uno de sus libros. Corrijo. No es un libro. Es la casa de la alegría,
como dijo una vez Gabriel Zaid. La puerta está abierta. Paso. Pasemos todos.
Continuó
oyendo a Celorio:
“Poeta
de dieciocho años, tal vez, confesando una fe religiosa, hablando de la bondad
del mundo en un tono alegre, cuando todos los poetas adolescentes más bien se
quejan, sufren, se duelen y manifiestan su dolor, su pesadumbre, su
escepticismo. Por ahí José Joaquín Blanco decía de Amado Nervo que él no era un
gran poeta, porque un poeta que dice en un poema que está en paz con la vida no
es un poeta. Pero Pellicer ¡vaya que es un poeta! Un poeta de la alegría.
Y
este poeta al final de sus ´Esquemas para
una oda tropical´, se sigue manifestando creyente y esperanzado y persiste
en su alegría. Fíjense en estos últimos versos de Pellicer:
´Y en noches luminosas
la brisa huésped de la
madrugada
agita con las yemas de sus
dedos
el verde oro caudal de
aquellas plumas,
retoño volador del árbol
muerto´.
´Y en noches luminosas´. Todas las noches
de Pellicer siempre serán luminosas, cálidas, brillantes. ´La brisa huésped de la madrugada´, es decir, estamos en el momento
del amanecer. Agita…´ . Y aquí
utiliza una prosopopeya, es decir, le da a un fenómeno inanimado estas
facultades humanas, le atribuye dedos a la brisa. ´La
brisa huésped de la madrugada/ agita con las yemas de sus dedos´. Y aquí
hay una espléndida metáfora de un ave tropical, seguramente un quetzal. Yo
pienso en un quetzal. ´El verde oro
caudal de aquellas plumas´. Pienso en un quetzal porque, pues si es un
caudal de plumas, siento que esta cola de los quetzales tan larga podía
corresponder en su largura a esta palabra de ´caudal´ , y además, este colorido
´El verde oro caudal de aquellas plumas/,
retoño volador de un árbol muerto´, que es maravilloso, un árbol muerto en
donde finalmente todavía anida la vida en esta ave que despierta en el momento
del amanecer y emprende el vuelo, en contraste con el árbol muerto donde ha
pasado la noche y donde está posada.
Pero
fíjense ustedes como tiene dos posibles lecturas. Una de carácter poético: da
la impresión de que es casi una alegoría del poema, que el poema vive o sobrevive,
a pesar de que el poeta que albergó a esta ave ya haya muerto. Es como la
supervivencia de la poesía, más allá de la vida del poeta.
Nunca
hay una sola explicación para un poema, por supuesto, ¿no? No estamos en un discurso matemático. Estamos
en un discurso poético, en donde las palabras, como dice el propio Bachelard, tienen
una resistencia a la significación precisa. Pero a mí me gustaría darle también
una interpretación religiosa: parecería que es el alma la que vive, la que pervive a la muerte del cuerpo que estaría
representado por el árbol, el árbol muerto.
Lo
que es cierto es que hay una continuidad, como bien lo vio Gabriel Zaid. Una
continuidad entre este primer poema dichoso, alegre, y el último poema en donde
mantiene longevamente una fe que no ha fenecido”.
--
--
Recuerdo
la primera lectura que hice de Pellicer. Fue una tarde del año 66, en la
Biblioteca Pío Tamayo de Barquisimeto. En un número de la Revista Nacional de Cultura leí con asombro un poema cuyos primeros
versos me parecieron fascinantes. Todavía los puedo decir de memoria, sin error
alguno: “He olvidado mi nombre./ Todo
será posible menos llamarse Carlos./ ¿Y dónde habrá quedado?/ ¿En manos de qué
algo habrá quedado?”. El poema entero me pareció deslumbrante.
Salí de la
biblioteca, ebrio de Pellicer, y caminé por la 26 hasta la esquina de la 20,
diciéndome un verso que acababa de hacer mío: “Todo será posible menos llamarse Freddy”. El poema lo había copiado
en un cuaderno. Cuando llegué a la casa abrí de inmediato la vieja Underwood.
Lo transcribí para agregarlo al primer atlas de Warburg que yo tuve: una
carpeta que albergaba, entre otros tesoros, Semillas
para un himno de Octavio Paz, poemas de Quevedo, Góngora, Gerbasi y Paz
Castillo. También –hay que decirlo- allí estaban los textos que con el nombre
de Erasmo Felipe me atreví a escribir yo mismo en esa máquina viajera.
Todo
en ella era posible, menos llamarse Carlos o Freddy.
Thursday, November 22, 2012
Un sauce
Santiago Rusiñol. Sauce
Abro la ventana y recuerdo un sauce que estuvo allí alguna vez.
Solo afán de respirar tranquilo, conforme a esta íntima, leve heredad del día a día.
Tuesday, July 24, 2012
UN GRIDO TACIUTO, UN SILENZIO
EL VIEJO PAVESE RECITADO DE LA CASA
Para Luisana y Martín, la lectura inmensa de Vittorio Gassman:
http://www.youtube.com/watch?v=MHttxuiCxe0
Sunday, June 03, 2012
Retrato perdido
"Ma certo il mio Simon fu in paradiso..."
Que sólo en otro mundo pudo Simón ver el alma de ese bello rostro. Así lo dice Petrarca en un soneto admirable. La vieja idea platónica de los arquetipos y esplendores se desplaza serena en los versos de Francesco, que cantan de nuevo a Laura y elogian a su retratista Simone Martini, quien hubo de ir primero al Paraíso para dar fe de esa increíble hermosura del trecento.
Wednesday, November 30, 2011
Diciembre llega bajo la lluvia
Una noche de lluvia. En el balcón
la oigo caer límpida, amorosa,
y estas tristes hojas que dormían
recobran ahora viejas dichas.
Llegan diciembre y sus imágenes.
Yo leo un verso de Gerardo Diego:
Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Tuesday, November 29, 2011
El vino de Pavese
Dolcetto d`Alba Cesare Pavese
Llegó la noche sobre el Po
y se despidió de los amigos.
Una espesa niebla arropa
su paso desolado por la calle.
Piensa en las colinas
que se elevan tras el río.
Se aleja lentamente y sonríe.
Quién sabe qué allegrezza
borró de pronto
el tormento de su cara.
Sunday, June 26, 2011
Pavesiana en Roma
Lo que me gustaba de Roma
era justamente esa manera de perder el tiempo que se siente en el aire.
Si bebía una copa
ya no era como en Turín;
no bebía de rabia...
sentía el vino claro entrar y recrearme por dentro.
Todo el mundo era un camino como Roma.
Saturday, May 28, 2011
Un pez en el hielo (El Pavese de Piglia)
"...
Vivió todavía ocho días más,
aunque para sí mismo ya era un muerto.
El condenado.
El muerto vivo.
Cuánto tiempo puede sobrevivir, inmóvil, el pez en el hielo.
Los ojos atentos a la blancura transparente;
la inmovilidad total".
Ricardo Piglia
Monday, February 07, 2011
Tuesday, January 25, 2011
Friday, December 31, 2010
Sunday, July 12, 2009
Pavesiana de Mark Rothko
Saturday, March 21, 2009
Y viene la vida
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